Aprender a pedir y dar ayuda

El fracaso es una experiencia profundamente humana que, aunque se vive en la propia piel, no debería llevarse en soledad. En la filosofía, entendemos la fraternidad no solo como un concepto abstracto, sino como la generosidad de compartir nuestras vivencias.

Perder el miedo a contar nuestros errores es un acto fraternal. Al compartir nuestro aprendizaje, no solo nos desahogamos, sino que podemos evitar que otros pasen por el mismo dolor o, al menos, mostrarles que hay una salida. La fraternidad en el momento del fracaso se manifiesta como ese «hombro de apoyo» que no siempre es físico; a veces es una llamada, un consejo que antes no quisimos escuchar por orgullo o un mensaje de aliento. Cuando dejamos de lado al «sabelotodo» que llevamos dentro, descubrimos que los demás son compañeros que quieren ayudarnos a levantarnos.

Vicky Mendizábal

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