Comúnmente, el fracaso se vive como una sombra. En el imaginario colectivo, lo asociamos inmediatamente con el dolor, la decepción, la angustia o incluso con una etiqueta de «estupidez». Parece que fracasar es lo peor que nos puede pasar porque lo vemos como un evento adverso a nuestros planes.
Sin embargo, desde la filosofía —que es la búsqueda del conocimiento para aplicarlo a la vida— debemos distinguir entre lo que sentimos que es el fracaso y lo que es en realidad. No es una sentencia, sino un proceso. Como vemos en las grandes historias de resiliencia, el fracaso no es la caída en sí, sino la decisión de permanecer en el suelo. El verdadero fracaso solo llega cuando usamos la experiencia como una excusa para no volver a intentarlo.
Vicky Mendizábal