Para encontrar la raíz de las cosas, la filosofía recurre a la etimología. La palabra fracaso proviene del prefijo fra (en medio de o mitad) y del latín quassare (romperse). Literalmente, fracasar es romperse por la mitad.
Cuando algo se rompe, deja de cumplir su función original; pierde su utilidad. Un vaso roto ya no puede contener agua. Pero aquí es donde la filosofía nos ofrece una vía de salida: la búsqueda de una nueva utilidad. Si un vaso se parte, tal vez ya no sea un recipiente alto, pero puede transformarse en una pieza de arte o en un objeto distinto. Fracasamos cuando sentimos que ya no somos útiles para nuestra familia, trabajo o comunidad. Por eso, la clave para superar un fracaso es el servicio: encontrar una nueva forma de ser útil y de servir a los demás.
Vicky Mendizábal